viernes, 21 de septiembre de 2012

BIOCOMBUSTIBLES siguen insistiendo


BIOCOMBUSTIBLES: UN APORTE IMPORTANTE, PERO MENOR DEL PROYECTADO
Los biocombustibles han contribuido positivamente diversificar la matriz energética, que le han planteado ciertos obstáculos a la hegemonía de los combustibles fósiles, sin que ello signifique a futuro un reemplazo substancial de los volúmenes de nafta y gasoil que demanda el planeta.
  Aldo Norberto Bonaveri
Desde la aparición de los biocombustibles, estos han contribuido en forma gradual a paliar el desequilibrio que se estaba creando en las reservas internacionales de crudo, como consecuencia de que el crecimiento del consumo avanzaba más rápido que el descubrimiento de nuevos yacimientos. Consecuentemente con ello, distintos países del planeta y, especialmente los más industrializados, fueron incorporando en sus legislaciones cortes obligatorios en los combustibles fósiles, contemplando en todos los casos que las mezclas fueran aumentando paulatinamente sus tenores de biodiesel o etanol.
Sin duda que el aporte de los biocombustibles ha sido importante en los últimos años, no obstante, justo es reconocer que en su momento hubo exageración en quienes sostenían que allí radicaba la seguridad energética. Otros sectores en cambio ejercen hacia ellos una crítica despiadada, responsabilizándolos de poner en riesgo la seguridad alimentaria. Ciertamente que ni los unos ni los otros representan la verdad absoluta, empero ambas opiniones constituyen fundamentos de un debate que promete prolongarse en el tiempo.  
El tema es más profundo de lo que aparenta en primera lectura y, están en juego intereses productivos, políticos y económicos; basta recordar que comenzó a cobrar protagonismo tras el ataque a las Torres Gemelas, siendo entonces cuando el gobierno de los EE.UU. decidió apostar decididamente al etanol, con el propósito de minimizar la dependencia del aprovisionamiento de petróleo proveniente de Medio Oriente. En el pensamiento energético de influyentes funcionarios de la administración Bush, el bioetanol elaborado con maíz sustituiría el consumo de gasolina con beneficios ambientales.
Con semejante apoyo político y económico vía subsidios, el bioetanol rápidamente comenzó a ganar mercado y, la proliferación de plantas elaboradoras se multiplicó por todo el territorio norteamericano. El maíz pasó a ocupar un lugar cada vez más destacado, protagonizando una verdadera transformación en la economía de la principal potencia mundial. A los efectos de dimensionar su crecimiento, es oportuno señalar que en 2004 la producción de etanol estadounidense requería 23.000.000 de TT de maíz, de allí en más, el ininterrumpido crecimiento llegó a 110.000.000 de TT. En tanto los pronósticos elevaban la utilización de 125.000.000 para la campaña actual.
La Unión Europea, encabezada por Alemania (primer productor y consumidor de biodiesel) y los países del Asia Pacífico no tardaron en suscribir la nueva tendencia poniendo énfasis en el biodiesel; en Sudamérica el precursor fue Brasil con tradición en la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, apuntándose posteriormente nuestro país, convertido actualmente en el cuarto exportador de biodiesel.
Seguramente que de no haberse contado con los miles de millones de litros de biocombustibles elaborados, el mundo habría vivido sobresaltos energéticos y, la cotización del petróleo sería manejado arbitrariamente por la OPEP, con el consabido encarecimiento de bienes y servicios que directa o indirectamente oscilan a su compás.
También queda demostrado que los biocombustibles no son la panacea, ni tampoco garantizan el suministro fluido imaginado por los más optimistas. Ello es así porqué el mundo ávido de alimentos le impone límites comprensibles, y además porqué mientras el consumo de las materias primas viene creciendo inexorablemente, en tanto los stocks internacionales retroceden al compás de las contingencias climáticas adversas. La muestra más elocuente de ello se evidencia con la tremenda sequía de los Estados Unidos, donde la polémica del momento se centra en la cantidad de plantas de bioetanol que deberán suspender su actividad hasta mejor momento. 
Para medir los resultados en su justa dimensión, corresponde decir que los biocombustibles han contribuido positivamente diversificar la matriz energética, que le han planteado ciertos obstáculos a la hegemonía de los combustibles fósiles, sin que ello signifique a futuro un reemplazo substancial de los volúmenes de nafta y gasoil que demanda el planeta. Al respecto, concierne explicar que si dispusiera el 100% de la producción global de maíz y caña de azúcar a elaborar etanol apenas podría suplirse el 22% de las naftas; en tanto que si se destinara la producción ecuménica de aceites y grasas vegetales a la obtención de biodiesel, sólo se podría atender un 13% los requerimientos mundiales de gasoil.  
A la luz de los acontecimientos, hoy se vislumbra como poco probable que se cumplan los objetivos trazados al comenzar los respectivos programas de sustitución; cabe recordar que Estados Unidos proyectaba reemplazar con etanol en 2030, el 30% de la gasolina necesaria para su mercado interno (actualmente cubre el 10%) ; la Unión Europea y Japón tenían programado para el 2020 sustituir con biocombustibles el 20% de sus demandas de gasoil y naftas.  
Recientemente la Agencia Ambiental de Estados Unidos “EPA, por sus siglas en inglés”, comunicó que se está estudiando la eventualidad de revisar las condiciones en que se subsidia la producción de etanol a partir del maíz, en 90 días podría haber novedades al respecto. Por lo que dejaron trascender no solamente dejarían sin efecto la quita de impuestos, sino que podría corregirse la obligatoriedad del corte con 10% de etanol.
Asimismo no todo está dicho, si bien el incremento de la producción de biocombustibles con materias primas convencionales (maíz, soja, colza, caña de azúcar, etc.) tiene frente así los obstáculos mencionados, cierto es también que existen varios programas en marcha y otros incipientes, con la base de otros cultivos, que no compiten por la seguridad alimentaria, celulosa, algas, residuos, etc., por estos días existen expectativas en los llamados biocombustibles de segunda generación, (los que ameritan ser analizados en otro momento).
Es evidente que la cuestión “deja mucha tela para cortar” y la importancia que reviste requiere nuevos estudios, rediseñar metas, discutir prioridades, evaluar consecuencias y la búsqueda permanente otras fuentes alternativas. El mundo se debate entre opciones y encrucijadas complejas; para muchos países la disyuntiva no presenta perspectivas halagüeñas. Frente a tan enrevesado contexto, una vez más Sudamérica es observada como una región naturalmente privilegiada para enfrentar los grandes desafíos.
tomado de Pregón agropecurio
Nota: energéticamente los biocombustibles son un fraude,  producción agraria para producir biocombustibles depende del petróleo, entonces la ecuación energética no  sierra 

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