viernes, 21 de abril de 2017

PESCADORES SE PELEAN LAS PRESAS CON AVES INVASORAS

Para pescar, las bandadas se desplazan en simétricas formaciones sobre el agua, proporcionando un espectáculo que atrapa la atención de los turistas.
Pescadores se pelean las presas con aves invasoras
Los cormoranes, expertos cazadores de plumaje negro, sobrevuelan en grandes bandadas el lago salvadoreño de Suchitlán, arrebatando tilapias, bagres y cualquier otra especie, mientras los pescadores artesanales de la zona buscan eliminarlos para poner a salvo su principal recurso de subsistencia.
Establecidas en la isla de Los Pájaros, las bulliciosas aves de cuello y cola largos, parientes de los pelícanos, empezaron a llegar a la localidad salvadoreña en una escala de sus vuelos migratorios y acabaron quedándose en el lago, a cuyo hábitat se han adaptado de maravilla.
Para pescar, las bandadas se desplazan en simétricas formaciones sobre el agua, proporcionando un espectáculo que atrapa la atención de los turistas, pero que causa desesperación e impotencia a los pescadores locales.
“Es demasiada la plaga y no hay manera de poderlos envenenar porque se contaminaría el pescado, allí solamente que apearlos y matarlos”, declara a la AFP Manuel Gómez, un veterano pescador de 78 años.
Estudios del Ministerio de Medio Ambiente estiman que unas 8 mil familias pobres del área lacustre se ven afectadas por las aves, que cazan los peces que ellos pescan.
Conocido por los lugareños como “pato chancho” por su gruñido similar al de los cerdos, el cormorán (Phalacrocorax brasilianus) está dejando en situación crítica a las especies de valor comercial que se reproducen en el lago Suchitlán.
Investigaciones del Ministerio de Medio Ambiente estiman que en 2012 los cormoranes conformaban una población de 30.000 individuos en el lago Suchitlán, ubicado a unos 40 km al noreste de San Salvador, cerca de la ciudad colonial de Suchitoto, que en Nahuatl significa “lugar del pájaro flor”.
Nutrido por las aguas del caudaloso río Lempa, el Suchitlán es un lago artificial de 13.500 hectáreas que sirve de embalse a la central hidroeléctrica Cerrón Grande y que en 2005 fue declarado humedal de importancia internacional por la Convención Ramsar.
En su lancha frente al lago, Gómez lamenta la dificultad de enfrentar a los cormoranes porque “no comen pescado muerto, solo pescado vivo” y lo más grave es que en poco tiempo “se va a acabar el pescado”.
Carlos Anzora, de 76 años, otro desconsolado lugareño que pesca de forma manual a la orilla del lago, reflexiona sobre la compleja situación que ha generado la proliferación descontrolada de las aves.
“No hay peces por los patos, ellos se comen el pescado pequeño y se lo van acabando hasta terminarlo, pero también es una lástima terminar con los patos pues ellos no tienen la culpa”, dijo Anzora a la AFP.
El hombre recuerda que años atrás en las aguas del lago era común observar peces “grandotes”, pero hoy con los cormoranes eso está acabando.
– Restablecer equilibrios – Según las autoridades ambientales, los cormoranes consumen 1,13 toneladas de pescado por día, que a precios de mercado representan 3.963 dólares diarios, cerca de 1,5 millones al año.
Desde enero pasado, el ministerio ejecuta un protocolo para el “manejo y control” de las aves en el humedal, que incluye conteos trimestrales de nidos para hacer estimaciones de la población.
Además, técnicos en el terreno aplican la técnica de “esfinge”, que consiste en dejar colgando un espécimen muerto para ahuyentar al resto de aves de la misma especie.
También se han liberado depredadores silvestres en las zonas de anidación con la esperanza de que eliminen huevos y polluelos, pero la medida prácticamente no ha dado resultados.

En casos extremos, agrupaciones de tiradores aficionados llegan a las islas en busca de hacer blanco con los cormoranes que, pese a todo, siguen con sus vuelos rasantes sobre el lago, arrebatando el pescado a las comunidades humanas. Tromado de el sol de México 

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